13/12/14

PRIM en la tele

RTVE estrena una teleserie sobre el general Prim. Aquí tenéis información sobre ella. ¡No os la perdáis!

'Prim, el asesinato de la calle del Turco', el próximo lunes 15 de diciembre a las 22.30 en La 1

Dirigida por Miguel Bardem, revive uno de los misterios sin resolver del s.XIX
  • Madrid, Alcalá de Henares y Aranjuez son algunos de los lugares de rodaje
  • Estreno el 15 de diciembre a las 22.30 horas en La 1 y RTVE.es
  • La película estará disponible en A la Carta


   

       

                






   
       
             


    
   
       
               


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11/12/14

LA CRISIS DEL ANTIGUO RÉGIMEN. Noticias


LA LOTERÍA Y LAS CORTES DE CÁDIZ
(11/12/2014)

Como todos sabéis, la Lotería de Nacional nació en Cádiz durante la Guerra de Independencia, cuando las Cortes aprobaron su creación en noviembre de 1811, para recaudar dinero sin tener que subir los impuestos, en un contexto de penurias económicas causadas por las guerras. En vísperas del sorteo de Navidad, el Archivo Histórico Provincial de Cádiz presenta el acta notarial por la que se contrató la realización de las bolas para el sorteo. La noticia la recoge también la prensa local y nacional:



El documento puede consultarse en la web del Archivo


28/11/14

El Sexenio Revolucionario

Como se os olvida... tengo que recordaros que en el enlace correspondiente tenéis información sobre este periodo: documentos, contenidos, presentaciones, vídeos, audios, etc.

Os he dejado un nuevo audio, este sobre Prim, además del que ya teníais de la I República.




29/9/14

LA ESPAÑA ACTUAL. Noticias

Miguel Boyer se une a la lista de protagonistas de la Transición y los primeros años de la democracia que fallece; es ley de vida, como dicen los abuelos. Los periódicos e informativos le dedican hoy amplio espacio. Recuerdan que fue ministro de Economía y Hacienda del primer gobierno socialista, presidido por Felipe González, entre 1982 y 1985, responsable de medidas contradictorias, pues nacionalizó Rumasa (y se ganó la persecución de Ruiz Mateos vestido de Superman) a la vez que tomaba medidas liberalizadoras de la economía y comenzaba la reconversión industrial (con la oposición de los sindicatos)


Podéis encontrar información, entre otros periódicos, en El País  y en El Mundo


19/9/14

13/9/14

La Guerra de Sucesión. Audios

Empezamos nuevo curso con un audio sobre la guerra con la que España inauguró el siglo XVIII, del programa "Documentos" de radio nacional, programa que recomiendo por su variedad y rigor.


30/6/14

feliz verano...

... para todos y que tengáis unas magníficas vacaciones. 



P. D.: donde dice "docente" léase también "estudiante"

10/6/14

SELECTIVIDAD. Respuestas a algunas dudas


Por aclarar algunas dudas que me habéis consultado algunos:

  • No hay límite de folios, podéis pedir más cuando los necesitéis.
  • Podéis hacer esquemas o tomar notas en "sucio". Cuando entreguéis el examen debéis advertir al tribunal de los folios que "no valen"; ellos os indicarán que rompáis esos folios.
  • Es conveniente, de hecho, usar un folio para hacer un pequeño esquema de los contenidos; os servirá de guía para no olvidar nada con los nervios y las prisas.
  • Por muy mal que os salga el examen, no dejéis de entregarlo, de lo contrario se considera "no presentado", con los efectos que esto tiene.
  • No hagáis dibujitos ni marcas o firmas en el examen, pues os lo podrían invalidar.



Sobre el desarrollo del examen propiamente dicho, algunos consejos:


  • Se trata de redactar un tema, en el que se valora la "madurez" más que los conocimientos anecdótico/enciclopédicos, por tanto, cuidad mucho la redacción y la coherencia de los argumentos.
  • Los documentos forman parte de la redacción, no son un "agregado" o un brazo ortopédico: hay que citarlos, comentar su contenido, su importancia, etc., pero no hay que hacer un comentario de texto histórico; no tenéis que decir si es un texto narrativo, o político, ni nada de eso.
  • La redacción no debe parecerse a unos apuntes: evitad el esquematismo, los puntos y subpuntos, abusar de los títulos, etc. 
  • Se califica muy positivamente la capacidad de interrelación, la causalidad y la explicación de "procesos"; concretando: procurad empezar por una buena introducción en la que incluyáis las causas o antecedentes del tema a explicar (brevísimo resumen del tema anterior) y terminar con una conclusión que incluya las consecuencias (brevísimo resumen del tema siguiente).



¡¡MUCHA SUERTE!!

3/6/14

La monarquía de Juan Carlos I.

¡Pues sí que llevamos un año de "acontecimientos históricos"! 

Se multiplican los suplementos especiales: 

EL MUNDO 
El Rey


RTVE
El príncipe será proclamado rey a partir del 18 de junio


EL PAÍS



ABC
Don Juan Carlos jura como Rey de España, bajo el nombre de Juan Carlos I


PUBLICO


Cada uno ve la feria según su posición ideológica... Hay artículos interesantes, análisis históricos, imágenes para todos los gustos, etc. Vamos, lo normal en estos casos. Juzga tú.




11/5/14

Los Pactos de La Moncloa. Análisis

Los Pactos de la Moncloa


El Gobierno y los partidos políticos consideran que la superación de la crisis se verá facilitada al introducirse simultáneamente, con las medidas antes enunciadas, una serie de transformaciones de fondo en el sistema económico referentes a las siguientes áreas:
1. Reforma fiscal ya iniciada
2. Perfeccionamiento del control del gasto público
3. Creciente participación de la sociedad en las decisiones y en el funcionamiento de la Seguridad Social
4. Programa educativo con la creación del número de puestos escolares que sean necesarios para asegurar la plena escolarización.
5. Medidas dirigidas a impedir la especulación en materia de suelo urbano y urbanizable y conducentes a facilitar el acceso a la vivienda.
6. Transformación del marco actual de relaciones laborales por medio del desarrollo de la acción sindical y de un código de derechos y obligaciones de los trabajadores
7. Reforma del sistema financiero, con liberalización progresiva en lo que afecta al sector privado y con una democratización efectiva de las instituciones financieras públicas.
8. Modernización agraria, con revisión en las leyes de desarrollo agrario, arrendamientos rústicos y fomento del cooperativismo.
9. Estatuto de la empresa pública.

Presidencia del Gobierno. 9/10/1977



El documento es un fragmento de los Pactos de La Moncloa, firmados por el gobierno, la oposición y los restantes agentes sociales (patronal y sindicatos) en octubre de 1977, durante la presidencia de Adolfo Suárez, en la Transición. Dichos acuerdos tenían como objetivo enfrentarse a la crisis económica mundial de los 70.

Sobre la información que aporta el documento:
  • En primer lugar, encontramos quienes son los firmantes: gobierno y partidos políticos en la oposición.
  • El objetivo general, ya mencionado, es superar la crisis económica mediante una serie de medidas que transformen el sistema económico
  • Entre estas medidas, se citan expresamente la reforma fiscal y de la Seguridad Social, el control del gasto público y medidas sociales, como facilitar el acceso a la vivienda y a la educación.
  • En el campo de las reformas laborales, patronal y sindicatos pactaron la aprobación del Estatuto de los Trabajadores, concediendo a éstos cierto protagonismo en las negociaciones laborales.
  • También encontramos referencias a la liberalización de la banca y la “democratización” de las cajas de ahorros, que pasaron a estar controladas por los poderes públicos.
  • Aunque aparece una alusión a la intervención en el sector primario, ninguna reforma agraria llegó a hacerse en España. 
 
Mientras se llevaban a cabo las transformaciones políticas para instaurar un sistema democrático, la grave crisis económica de los 70, precisó de medidas concretas que se firmaron en los Pactos de la Moncloa, acuerdos entre el gobierno, la oposición, los sindicatos y la patronal para abordar los problemas de paro, inflación y pérdida  de inversiones.
En esas fechas, la situación económica era alarmante, con una inflación que superaba el 40%, muy por encima de la media europea, una balanza comercial negativa debido a la subida del precio del petróleo y el paro en aumento.  En este contexto, el sentido de Estado lleva a la unidad de actuación de todas las fuerzas políticas parlamentarias, temerosas de que la crisis económica frustre la naciente democracia. Las reuniones entre los sindicatos y el artífice de la política económica del gobierno como Ministro de Economía, Enrique Fuentes Quintana, permiten que aquellos acepten la moderación salarial y la flexibilidad laboral (contratación temporal, facilidades para el despido, etc.), mientras que con los partidos políticos se firman acuerdos de orden, sobre todo, político y jurídico, que serán ratificados por el Parlamento y que aceleraron el camino hacia la democracia (libertad de expresión, derechos de asociación y reunión, etc.) Se trataba de repartir entre todos los sectores sociales los costes de la crisis, con contrapartidas de política social (aumento de las plazas escolares, ampliación de la cobertura por desempleo, etc.)
Los acuerdos permitieron reducir a casi la mitad la inflación y mejorar los beneficios empresariales, reduciendo la conflictividad laboral, contener el crecimiento de los precios y mejorar las expectativas de exportación con la devaluación de la peseta. La mayor presión fiscal mejoró el déficit del Estado.
Este conjunto de medidas buscaban estabilizar al país, en plena Transición desde el franquismo a la democracia, proceso protagonizado por Adolfo Suárez con el apoyo del Rey  y el conjunto de la oposición. Los Pactos de la Moncloa se firmaban en octubre de 1977, mientras el proceso de reforma política estaba en curso, con la aprobación en diciembre de 1976 de la Ley para la Reforma Política, que liquidaba el franquismo.

 Se abordó también la organización territorial del Estado, con las preautonomías vasca y catalana en 1977 y dos años más tarde se aprobaban en el Parlamento los Estatutos de Autonomía de Cataluña y País Vasco. Paulatinamente, el resto de las comunidades accederían a su autogobierno en los primeros años 80. En diciembre de 1978, finalmente, se aprobaba la Constitución democrática. 

7/5/14

Ley de Principios del Movimiento Nacional. Análisis


 “Yo, Francisco Franco Bahamonde, caudillo de España, consciente de mi responsabilidad ante Dios y ante la Historia, en presencia de las Cortes del Reino, promulgo como Principios del Movimiento Nacional, entendido como comunión de los españoles en los ideales que dieron vida a la cruzada, los siguientes:
1.- España es una unidad de destino en lo universal. El servicio a la unidad, grandeza y libertad de la Patria, es deber sagrado y tarea colectiva de todos los españoles.
2.- La Nación española considera como timbre de honor el acatamiento de la ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional, que inspirara su legislación.
3.- España raíz de una gran familia de pueblos, con los que se siente indisolublemente hermanada, aspira a la instauración  de la justicia y la paz entre las naciones.
4.- La unidad entre los hombres y las tierras de España es intangible. La integridad de la Patria y su independencia son exigencias supremas de la comunidad nacional. Los ejércitos de España, garantía de su seguridad y expresión de las virtudes heroicas de nuestro pueblo, deberán poseer la fortaleza necesaria para el mejor servicio a la Patria.
6.- Las entidades naturales de la vida social, familia, municipio y sindicatos, son estructuras básicas de la comunidad nacional.
7.- La forma política del Estado nacional es, dentro de los principios inmutables del Movimiento Nacional (…), la Monarquía tradicional, católica y representativa.
8.- El carácter representativo del orden político es principio básico de nuestras instituciones. La participación del pueblo en las tareas legislativas (…) se llevará a cabo a través de la familia, el municipio y el sindicato (…) Toda organización política de cualquier índole, al margen de este sistema representativo, será considerada ilegal.
9. El ideal cristiano de la justicia social, reflejado en el Fuero del  Trabajo, inspirará la política y las leyes.”

En cada uno de los principios enumerados en el texto encontramos importantes ideas que definen la ideología franquista. Dichos principios vienen precedidos de un preámbulo en el que se nos informa de:
  • Franco, conductor de los españoles (“caudillo”), está exento de cualquier responsabilidad política (sólo responde ante Dios y ante la Hª), pues ha recibido el mandato de la Providencia divina para regir el destino de la patria. De ahí que en él residan la soberanía y el poder absoluto.
  • Sitúa el origen de los Principios del Movimiento en la guerra civil, calificada de “cruzada”, término con el que la Iglesia legitimó el pronunciamiento militar y la guerra resultante, por interpretar esta como una cruzada para recristianizar España. Reafirma así la validez de los principios de los vencedores, negando cualquier posibilidad de reconciliación nacional.

Los principios del Movimiento Nacional, herederos de la “revolución nacional” que defendía FET, son:
  • 1. Nacionalismo (“patriotismo”): la unidad de España está por encima de la voluntad de los propios españoles; procede de una historia común y se proyecta hacia al futuro, siendo responsabilidad de los españoles si defensa.
  • 2. Catolicismo: esencia de la conciencia nacional. España es católica desde sus orígenes históricos y la moral y doctrina católicas deben regir la legislación del Estado. Uniendo ambos principios, nos encontramos con el nacional-catolicismo como la seña de identidad del régimen.
  • 3. Hispanidad: entendida como la protección que España debe hacer sobre sus antiguas colonias. En un contexto de descolonización y formación de organizaciones que, como la Commonwealth, unían a la metrópoli con sus antiguas colonias por lazos culturales y económicos, el franquismo quiere recordar el pasado colonial y reforzar el papel de España en el mundo
  • 4. Unidad territorial garantizado por el Ejército: frente al “separatismo” o nacionalismo periférico, el “nacionalismo español” (“Una, Grande y Libre”) centralista.
  • 7. Monarquía como forma del Estado, calificada de tradicional y católica. España es un reino sin rey y con Franco como jefe del Estado vitalicio, reafirmando esta condición que ya había sido establecida por le Ley de Sucesión (1947).
  • 8. Corporativismodemocracia orgánica: familia, municipio y sindicato como órganos de representación y prohibición de partidos políticos, siguiendo los principios del fascismo y frente al liberalismo democrático.
  Contexto

El fin del aislamiento tras los tratados bilaterales con EEUU y el Vaticano en 1953, la reapertura de embajadas y la admisión de España en la ONU (1955) permitió el “aperturismo” durante la Guerra Fría, cuando el “anticomunismo” del régimen le convirtió en seguro aliado del bloque occidental. En ese contexto y con esos nuevos aliados, el franquismo necesitaba dotarse de unas bases político-ideológicas equiparables a una constitución y que dieran una apariencia “democrática”.

Sin embargo, constatamos que esas bases remiten a la Guerra Civil y a los principios totalitarios del FET, mezclados con el catolicismo, dando como resultado ese “nacional-catolicismo” que caracterizó al franquismo. 



5/5/14

MAUTHAUSEN 69 AÑOS DESPUÉS

Así se titula el artículo de El Mundo que conmemora el aniversario de la liberación del campo de exterminio nazi, donde murieron más de 5.000 españoles:


MEMORIA HISTÓRICA Campo de concentración nazi

Mauthausen: 69 años después


  • En el interior del campo encontraron centenares de cadáveres y 64.000 supervivientes

  • Entre esa turba de prisioneros había más de 2.000 españoles. Otros 5.000 fallecieron

  • Se calcula que entre 120.000 y 160.000 hombres, mujeres y niños fueron asesinados allí


Fotograma del documental 'Más allá de las alambradas'. Vídeo: CARLOS HERNÁNDEZ

30/4/14

El Franquismo

El escritor Juan eslava Galán describe en su obra Los años del miedo (2008, Editorial Planeta) la vida cotidiana en el franquismo con gran sentido del humor, incluso cuando cuenta pasajes tan terribles como este: 


(…) cientos de tribunales militares trabajan a destajo en consejos de guerra sumarísimos, en los que cada caso queda visto para sentencia en menos de media hora. En uno de los numerosos procesos colectivos, se juzga a dieciocho reclusos acusados de diversos delitos. El más joven es Ernesto Sempere, de diecisiete años, denunciado
por compañeros de instituto por republicano y por dibujar chistes antifascistas durante la guerra, cuando tenía quince años. La fiscalía lo acusa de «utilizar la caricatura para denostar nuestro Glorioso Movimiento y exaltar la causa roja». El abogado defensor, que actúa de oficio en la pantomima, se dirige al juez:
—Señoría, aquí tiene a dieciocho rojos. Hay dieciséis que tienen las manos manchadas de sangre y merecen ser condenados a muerte, y dos jovencitos que tienen pequeñas salpicaduras.
Con abogados defensores así, no necesita uno fiscales.
Las pequeñas salpicaduras le suponen a Ernesto una condena de veinte años y un día de prisión, por un delito de adhesión a la rebelión.

El jefe de la oficina jurídica del Caudillo, Lorenzo Martínez Fuset, le presenta diariamente a Franco, a la hora de la sobremesa, mientras toma café con la familia, las listas de los condenados a muerte. 
Juan eslava Galán. Los años del miedo (2008, Editorial Planeta)

21/4/14

Más sobre la Guerra Civil en la literatura

Para los aficionados a la lectura (¿todavía queda alguno?), os dejo más sugerencias sobre la Guerra Civil en la literatura:

El Ejército Popular

PortadaEn el otoño de 1936, pocos meses después de comenzada la guerra en España, Miralles fue reclutado con apenas dieciocho años, y a principios del 37, después de un adiestramiento militar de urgencia, encuadrado en un batallón de la Primera Brigada Mixta del Ejército de la República, que estaba al mando de Enrique Líster. Éste, que había sido comandante de las Milicias Antifascistas Obreras y del Quinto Regimiento, ya era para entonces una leyenda viva. El Quinto Regimiento acababa de disolverse, y la mayoría de los compañeros del batallón de Miralles, que pocos meses atrás, en noviembre, habían sido decisivos para detener a las tropas de Franco a las puertas de Madrid, se habían batido en sus filas. Antes de la guerra Miralles trabajaba de aprendiz de tornero; ignoraba la política: sus padres, gente de condición muy humilde, nunca hablaban de ella; tampoco sus amigos. Sin embargo, apenas llegó al frente se hizo comunista: el hecho de que lo fueran sus compañeros y sus mandos y de que también lo fuera Líster sin duda influyó en su decisión; quizá lo hizo más la certidumbre inmediata de que los comunistas eran los únicos que de verdad estaban dispuestos a plantar cara y ganar la guerra.
—Supongo que era un poco botarate —recordaba Bolaño que le había dicho una noche Miralles, hablando de Líster, a cuyas órdenes hizo toda la guerra—. Pero también quería mucho a sus hombres y era muy valiente, muy español. Un tipo con dos cojones.
—Español de puro bruto —citó Bolaño, sin decirle a Miralles que citaba a César Vallejo, sobre el que por entonces estaba escribiendo una novela chiflada.
Miralles se rió.
—Exacto —convino—. Luego he leído muchas cosas sobre él, contra él en realidad. La mayoría falsas, por lo que yo sé. Supongo que se equivocó en muchas cosas, pero también acertó en muchas otras, ¿no es verdad?

En los primeros días de la guerra Miralles había sentido simpatía por los anarquistas, no tanto por sus confusas ideas o por su ímpetu revolucionario, cuanto porque fueron los primeros en echarse a la calle a pelear contra el fascismo. No obstante, a medida que la contienda avanzaba y los anarquistas sembraban el caos en la retaguardia, esa simpatía se desvaneció: como todos los comunistas —y sin duda esto también contribuyó a acercarle a ellos—, Miralles entendía que lo primero era ganar la guerra; luego ya habría tiempo de hacer la revolución. De modo que, cuando en el verano del 37 la 11.ª División, a la que él pertenecía, liquidó por orden de Líster las colectividades anarquistas de Aragón, a Miralles la operación le pareció brutal, pero no injustificada. Más tarde peleó en Belchite, en Teruel, en el Ebro y, cuando el frente se derrumbó, Miralles se retiró con el ejército hacia Cataluña y a principios de febrero del 39 cruzó la frontera francesa con los otros 450.000 españoles que lo hicieron en los días finales de la guerra. Al otro lado le esperaba el campo de concentración de Argelés, en realidad una playa desnuda e inmensa rodeada por una doble alambrada de espino, sin barracones, sin el menor abrigo en el frío salvaje de febrero, con una higiene de cenagal, donde, en condiciones de vida infrahumanas, con mujeres y viejos y niños durmiendo en la arena moteada de nieve y escarcha y hombres vagando cargados con el peso alucinado de la desesperación y el rencor de la derrota, ochenta mil fugitivos españoles aguardaban el final del infierno
—Los llamaban campos de concentración —solía decir Miralles—. Pero no eran más que morideros.

Javier Cercas. Soldados de Salamina (2001). Tusquets Editores




El exilio

El 26 de enero Barcelona había caído en manos de Franco. En la misma fecha comenzó el éxodo en todas las ciudades y pueblos de la costa. Mujeres, chiquillo, hombres y bestias, marcharon a lo largo de los caminos, a través de campaos helados, sobre la nieve mortal de las montañas. Sobre las cabezas de los huidos, los aviones sin piedad; un ejército borracho de sangre empujando detrás; una pequeña banda de soldados luchando aún para contenerlo, retirándose sin cesar y luchando cara al enemigo, para que pudieran salvarse algunos más.  Pobres gentes con petates míseros, gentes más afortunadas en coches sobrecargados abriéndose camino en las carreteras congestionadas, y a las puertas de Francia una cola son fin de fugitivos agotados, esperando que les dejaran entrar y estar seguros. Seguros en los campos de concentración que esta Francia había preparado para hombres libres: alambradas de espino, centinelas senegaleses, abusos, robo, miseria y las primeras oleadas de refugiados admitidos, encerrados entre el alambre en rebaños como borregos, peor aún, sin techo sobre sus cabezas, sin abrigo contra los vientos helados de un febrero cruel.

¿Es que Francia estaba ciega? ¿Es que los franceses no veían que un día  -muy pronto- iban a llamar a estos mismos españoles a luchar por la libertad de su Francia? ¿O es que Francia había renunciado de antemano a su libertad?

Arturo Barea. La Llama (1941). Mondadori, 2007 (Col. Debolsillo) Pg. 491.


La retaguardia republicana: guerra y revolución social

Aquellas dos semanas de octubre de 1936 que Ramón había permanecido en Barcelona antes de volver al frente, África las utilizó para ponerlo al día de los oscuros acontecimientos políticos que ya comenzaban a correr por debajo del ambiente entusiasta y combativo. El mayor peligro que enfrentaban las fuerzas republicanas, según la joven, era el fraccionalismo, exacerbado desde el inicio de la guerra. Nacionalistas catalanes, sindicalistas de tendencia anarquista o de filiación socialista, y renegados trotskistas como los del Partido Obrero de Unificación Marxista —al frente del cual estaba ahora la espina atravesada del empecinado Andreu Nin (miembro incluso del gobierno de la Generalitat)—, se oponían ya a la estrategia comunista y habían puesto sobre el tapete la cuestión más trascendental del momento: la guerra con revolución, o la guerra con victoria pero sin revolución. Aun antes de que llegaran a España los asesores soviéticos y los dirigentes del Komintern, el Partido Comunista había digerido las siempre acertadas políticas de Moscú y mostrado con claridad su posición: la prioridad de las fuerzas de izquierda era la unidad para conseguir la victoria militar e impedir la entronización de un fascismo que se lanzaba al apoyo de los militares rebeldes, brindándoles una ayuda masiva e inmediata. Solo después de esa victoria republicana se podría hablar de sentar las bases de una revolución social cuyo simple anuncio, en aquellos momentos, ponía los pelos de punta a las veleidosas democracias, a las cuales no tenían que asustar, pues debían ser los aliados naturales de los republicanos contra los fascistas.
Los militantes del POUM, con su filosofía trotskista de la revolución europea, y los anarquistas, con sus prédicas libertarias (movidos por ellas ya habían cometido excesos criminales tan deleznables como los de los militares rebeldes), se habían opuesto desde el inicio a aquella estrategia, según ellos errada, mientras abogaban por hacer la guerra y, junto a ella, también la revolución contra el sistema burgués. Aquella diferencia de principios anunciaba combates arduos, y la labor de los comunistas, decía África, era tan importante en el frente como en la retaguardia, donde debían luchar por la validación de una política exigida por los asesores soviéticos, quienes ya habían condicionado su apoyo al trabajo por la victoria militar sin  provocar las fracturas idealistas que libertarios y trotskistas se empeñaban en generar.
—A esos revisionistas les encanta jugar a la revolución —le había dicho África—, y si les dejamos, lo único que conseguirán es que nos quedemos solos y se pierda la guerra. Tienen el signo de Trotski en la frente y vamos a tener que arrancárselo con fuego. Sin la ayuda soviética no podemos ni soñar con la victoria, y así ya me dirás cómo coño se va a hacer una revolución... Parece que ya se les ha olvidado 1934.
En el lujoso Hispano-Suiza en que se desplazaba, África lo había llevado a recorrer los  arrabales y los pueblos cercanos a Barcelona para que Ramón viera el caos al que trotskistas y anarquistas estaban llevando el país. Fuera de las Ramblas y los centros neurálgicos de la ciudad, se había instalado una lamentable desolación, con calles interrumpidas por absurdas barricadas, fábricas paralizadas, edificios saqueados hasta los cimientos, iglesias y conventos convertidos en ruinas carbonizadas.
África le contaba de los fusilamientos ejecutados por los anarquistas y de cómo crecía entre los obreros el temor a expresar sus opiniones. La clase media y muchos propietarios de industrias habían sido despojados de sus bienes, y el proyecto de crear una industria militar navegaba por un mar de voluntarismos sindicalistas. La escasez de productos se había adueñado de tiendas y mercados. La gente tenía entusiasmo, era cierto, pero también hambre, y en muchos lugares el pan solo podía ser adquirido tras largas colas y únicamente si se tenían los cupones distribuidos por anarquistas y sindicalistas, convertidos en dueños de una ciudad en la que el gobierno central y el local apenas eran referencias lejanas. Aunque los anarquistas aseguraban que haber entrado en una era de igualdad bastaba para mantener el apoyo de unas masas esclavizadas por siglos, África se preguntaba hasta cuándo duraría el entusiasmo, la fe en la victoria.
—Esta República es un burdel y hay que meterla en cintura.
Ahora, en un lapso de pocos meses, cuando volvía del olor a sangre y de los rugidos de un frente donde caían diariamente jóvenes como su hermano Pablo o su amigo Jaume, Ramón se encontraba una ciudad cansada, más aún, desencantada, asediada por las escaseces y ansiosa de regresar a una normalidad quebrada por la guerra y los sueños revolucionarios. Era como si la gente solo aspirara a llevar una vida común y corriente, a veces incluso al precio infame de la rendición. Pocos días antes, el devastador ataque de los franquistas sobre Málaga, donde la infantería y la marina rebeldes, con el apoyo de la aviación y las tropas italianas, habían masacrado a los que escapaban de la ciudad, había hecho mella en la fe de la gente.


Leonardo Padura. El hombre que amaba a los perros. (2009). Tusquets Editores


Las relaciones entre bandos en las trincheras

—Los de la segunda compañía bajan un día sí y otro no al pozo de la ermita. Allí se juntan con los de enfrente. Hay que ir sin armas. ¡No me veas el cambalache que se forma con el tabaco, el papel de fumar, la grifa y el chocolate! ¡Ríete tú del mercadillo de los moros! Si quieres, voy contigo. Ya he estado un par de veces.
—¿Cuándo toca la próxima?
—Mañana por la tarde.
Al día siguiente, después de la revisión rutinaria de los puestos, cuando los oficiales se retiran a sus chabolos, Castro y Cárdenas van al sector de la segunda compañía. En un puesto avanzado, que el embudo de una granada de grueso calibre ha ensanchado, se congregan una docena de soldados y un sargento.
—¿Qué pasa, Castro? —lo saluda—. ¿Tú también vas al mercado?
—Ya ve usted, mi sargento, a ver si mi paisano me dice cómo está mi familia.
El sargento se desentiende de Castro.
—Bueno, ¿estamos todos? ¿Sí? Pues vamos en buen orden y sin formar mucho alboroto, ¿eh?
Salen por una de las entradas de la alambrada y, al pasar junto al escucha de aquel sector, el sargento le da instrucciones:
—A la vuelta, como será casi de noche, te doy tres lamparazos de linterna, ¿estamos?
—Sí, mi sargento.
Por el camino se les unen media docena de moros con chilaba que los esperaban en una hondonada, con sus petates al hombro. A un kilómetro, el grupo rodea los muros de piedra de la ermita de la Virgen de la Antigua, patrona de Hinojosa, que la guerra ha respetado, y toma la vereda de la derecha, que conduce al pozo del Arroyo. Allí hay ya un grupo de milicianos. El sargento nacional intercambia un breve saludo con el sargento republicano. Los que se conocen de visitas anteriores se saludan, se agrupan, sacan de los morrales la mercancía e inician el trapicheo. A los rojos les sobra el papel de fumar, dado que las fábricas de Alcoy caen en su zona, pero no tienen tabaco. Los nacionales, por el contrario, carecen de papel, pero tienen tabaco, porque las vegas de Granada y Canarias caen en su jurisdicción. Antes que combatientes son fumadores.
Castro distingue a Manolico el de la Pirriñaca, bisojo, panzoncete, riendo como siempre, a pesar de los casi tres años de guerra.
—¿Qué pasa, Manuel? —lo saluda.
—¿Qué, dos paisanos no se abrazan? —dice el miliciano abriendo los brazos.
Se abrazan.
—Me alegro de verte bien.
—Y yo a ti.
El de la Pirriñaca se enjuga una lágrima.
—Ahí tienes a un amigo que ha venido a verte. —Señala el pozo con la barbilla—. ¿No te acuerdas del Churri?
—No me voy a acordar.
El Churri está sentado en el brocal. Alto, moreno, más delgado, quizá sea el mono azul que viste debajo de la chaqueta de cuero. Le sonríe sin dobleces a su antiguo amigo.
—Juanillo, ¿cómo te va?
Después de una vacilación, los dos se funden en un abrazo largo y silencioso. Castro no puede reprimir las lágrimas. Se las limpia con el dorso de la mano. Sonríe avergonzado.
—¡Coño, Churri, mira, aquí llorando como un gilipollas!
El Churri le palmea la espalda. Le mete en el bolsillo de la guerrera un puñado de carterillas de papel de fumar.
—Benito, yo no te he traído tabaco —se excusa Castro—. Con las prisas...
—¡Qué más da!
—No sabes la alegría que me llevé ayer al saber que estabas vivo. Con esta mierda de guerra...
—Yo también me alegré por ti. Digo, mira Juanillo, al joío lo bien que le va con los mulos, que es lo suyo, aunque sean fascistas, ¡qué coño!
—¡Los mulos qué van a ser fascistas! —protesta Castro riendo—. Ni rojos ni fascistas. Más conocimiento tienen que nosotros.
El Churri sonríe. Reflexiona un momento, serio, y luego dice:
—Todo este tiempo me ha escocido lo mal que quedamos, nosotros, que éramos como hermanos... más que hermanos. No sabes cómo he pensado en ti, con ganas de que acabara la guerra para encontrarte y que nos diéramos un abrazo de paz...

Juan Eslava Galán. La mula. 2003. Ed. Planeta.