1/11/08

El mapa de la independencia de América. Comentario

En el mapa se representa el proceso de independencia de la América hispana, entre 1810 y 1825, durante el reinado de Fernando VII.
Aparecen reflejadas las campañas libertadoras de Bolívar (desde Venezuela y Colombia) y San Martín (desde Buenos Aireas hasta Lima), las batallas más importantes (Boyacá, 1819; Chacabuco, 1817; Carabobo, 1821; Quito, 1822 y Ayacucho, 1824) y el año de independencia de los respectivos países.
Las guerras en las que España se ve envuelta desde 1793, y especialmente la derrota de Trafalgar, habían obligado a las colonias a ser autosuficientes o a depender del comercio con EEUU (ilegal, pero existente de hecho). El ejemplo de la independencia de los EEUU, serviría de modelo entre los criollos y de acicate a sus aspiraciones. Su descontento por verse marginados de los puestos políticos relevantes a pesar de ser una clase económica pudiente, sumados al vacío de poder y la debilidad española producto de la Guerra de Independencia primero y de la inestabilidad política después, fueron otras causas explicativas del proceso. La inflexibilidad española, que no supo comprender el malestar americano, la vuelta al A.R. tras el regreso de Fernando VII y la brutalidad con la que actuaron los virreyes al reprimir el movimiento independentista, hicieron el resto.

Igual que ocurriría en la Península, las abdicaciones de Bayona fueron contestadas con la formación de juntas de autodefensa frente a la ocupación napoleónica. En ellas aparecen dos posturas que explican la posterior evolución del proceso de independencia:
  • Autonomistas: Convocan asambleas representativas para la designación de juntas que ejerzan el gobierno y asuman la soberanía plena, bien en nombre de Fernando VII, o del pueblo. Desembocará esta corriente en el deseo de independencia.
  • Fidelistas: los miembros de la burocracia real (peninsulares) y los criollos más conservadores creen que sólo los peninsulares tienen capacidad de gobierno, y por tanto deben seguir ocupando los cargos quienes vienen haciéndolo. Este grupo temía que las juntas llevasen a la anarquía, pues la burocracia real era el único elemento de unidad en una sociedad multiétnica y de castas. Proponían que los virreyes presidiesen las juntas que ejercen por delegación de la Junta Central (Regencia desde 1810), de la que dimana el poder.
El proceso lleva a las primeras declaraciones de independencia: en 1810 tanto Buenos Aires como Caracas se proclaman independientes. Mientras tanto, en México tenía lugar una revuelta indigenista de carácter social: los campesinos ocupan los latifundios y asesinan a los terratenientes dirigidos por el cura Hidalgo, primero, y Morelos después. El temor unió a los criollos con la metrópoli, paralizando por el momento el deseo de independencia.

A su regreso en 1814, Fernando VII optó por la represión militar, consiguiendo, momentáneamente, la recuperación del control territorial sobre la América Hispana, salvo en el Río de la Plata, que mantuvo su independencia.


El proceso independentista, como ya se ha dicho, fue obra de los criollos, americanos descendientes de españoles, que había viajado por Europa, donde entraron en contacto con los grupos liberales y reforzaron su deseo de emancipación.

En el Virreinato del Río de la Plata, San Martín, en nombre de las Provincias Unidas de Sudamérica (futura Argentina), que habían proclamado su independencia en 1816, se dirige cruzando los Andes a Chile (independiente en 1818 tras la batalla de Chacabuco) y, desde aquí, en dirección N, para confluir con Bolívar en Perú, centro de la resistencia española.
Bolívar, por su parte, libera Colombia, tras vencer en la batalla de Boyacá (1819), y Venezuela (batalla de Carabobo, 1821). El virreinato de Nueva Granada desaparecía para ser sustituido por el proyecto de la Gran Colombia (actuales Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá). Desde aquí, Sucre, lugarteniente de Bolívar, avanza hacia Ecuador (liberado en 1822 tras la batalla de Pichincha) y Perú. Éste territorio, que constituía el bastión de la resistencia española, cayó en poder de los independentistas tras la batalla de Ayacucho en 1824, que marca el final militar del proceso de independencia. Un año después, del sur de Perú nacería Bolivia, en honor del libertador, presidida por Sucre.
El objetivo común era extender el movimiento libertador y la derrota del ejército español, concentrado en Perú, territorio que se mantenía fiel a la metrópoli. Bolívar deseaba crear una unidad política con los territorios liberados que, a partir de la Gran Colombia y las Provincias Unidas del Sur, siguiese el modelo de Estados Unidos. Sin embargo, se impuso el fraccionamiento y las disputas fronterizas entre las recién nacidas repúblicas, enzarzadas en interminables guerras que las hacían cada vez más dependientes económicamente de Estados Unidos y Gran Bretaña.
Si la primera fase independentista (1808/1814) se caracterizó por la formación de juntas y las primeras declaraciones de independencia, en 1814, tras la derrota francesa, se hubiera podido resolver el conflicto llegando a acuerdos y concediendo autonomía a las Provincias de Ultramar. En lugar de eso, Fernando VII consideró a todos los autonomistas traidores y envió a América tropas expedicionarias con el objeto de reprimir por la fuerza y con crueldad a los criollos de las juntas.
La segunda fase (1815/24) se inició con la recuperación de los territorios sublevados, salvo Buenos Aires, pero por poco tiempo. El pronunciamiento de Riego contribuyó al triunfo de los independentistas, primero porque paralizó el envío de refuerzos militares hacia América, y en segundo lugar porque el gobierno liberal inició un proceso de negociación que concluiría con el retorno al absolutismo a partir de 1823.

Desde Argentina, San Martín alentaría la independencia de todo el cono sur (1811/1818). México y Centroamérica se proclamaron independientes en 1821, bajo la presidencia de Itúrbide, descontenta la alta burguesía mexicana con las medidas liberales y anticlericales dictadas por el gobierno español durante el Trienio Liberal. Desde Colombia, Bolívar y Sucre liberaron el resto de Sudamérica entre 1819 y 1824. En ese año, la batalla de Ayacucho, en Perú, supuso, de hecho, la independencia de las colonias españolas en América, salvo Cuba y Puerto Rico.